Discursul Principelui Radu la Palatul Regal din Madrid

Discurso de Su Alteza Real el Príncipe Radu de Rumanía

Palacio Real de Madrid, Conferencia dedicada a la Reina María de Rumanía

Miércoles, 26 de junio de 2019

Excelencias, Señoras y señores,

Después de haber pasado su infancia en Inglaterra, en medio de la naturaleza del condado de Kent, después de haber visitado varias veces la Corte del Zar Alejandro II, su abuelo, la Princesa María de Gran Bretaña llegó a su país de adopción, Rumanía, a la edad de 18 años, como esposa del Príncipe Heredero Fernando. Sus cualidades la convirtieron rápidamente en una figura pública muy importante y su naturalidad conquistó a los rumanos. Inteligente, bella, llena de valor y determinación, la futura reina participó desde el principio en la vida cultural rumana y se implicó en numerosos proyectos sociales y culturales.

María se convirtió en Reina en 1914. Unida a Inglaterra y Rusia por lazos de sangre y convencida de que Inglaterra nunca sería derrotada, ella apoyó la necesidad de una alianza entre Rumanía y la Triple Entente, con el fin de recuperar las provincias rumanas que se encontraban bajo la dominación austro-húngara. Como consejera del Rey Fernando desempeñó un papel importante en la decisión de éste de entrar en la guerra en contra de su país natal. La Reina María apoyó la causa de Rumanía en la correspondencia que mantuvo con sus primos hermanos, el Rey Jorge V del Reino Unido y el Zar Nicolás II de Rusia.

La Primera Guerra Mundial la convirtió en héroe nacional. Se involucró activamente en el frente, dio ánimo a los heridos y a los soldados en los puntos neurálgicos de los combates, no temió las balas y tampoco las epidemias, el tifus exantemático, la pandemia de gripe de 1918, las heridas o la pobreza. La Reina María recibió el sobrenombre de “La Reina Madre”, “La Madre de los Heridos” y “La Reina-soldado”.

Después de la guerra, la Reina visitó Francia y Reino Unido, para abogar por la causa de Rumanía en la Conferencia de Paz de París. Aunque no oficiales, las visitas de la Reina aportaron mucha simpatía hacia la causa rumana. En París, el 8 de marzo de 1919, después del almuerzo con Raymond Poincaré, Presidente de Francia, fue invitada a pasar revista a la guardia de honor del Palacio del Elíseo, honor que hasta entonces nunca se había concedido a una reina-consorte. Ese mismo día, fue elegida miembro correspondiente de la Academia de Bellas Artes de París, la única mujer entre los hombres de esta institución. Su visita al Primer Ministro francés Clémenceau se ha convertido en una leyenda. En una época en la que la implicación de las mujeres en la política o sociedad era casi inexistente, la Reina María pidió al hombre de estado francés ayuda para la integración de Transilvania, Banat y Besarabia en Rumanía. Dicen que Rene Clémenceau, conocido como “el Tigre”, le habría dicho: “¡Señora, lo que usted está pidiendo es la parte del león!” y la Reina le habría contestado: “¡Es la que la leona le pide al tigre!”

Su encanto y distinción innata la convirtieron en una estrella de aquel entonces. Su visita a Estados Unidos, en 1926, representó la cumbre de su popularidad. En Washington y Nueva York, la Reina y sus acompañantes fueron recibidos no solo por las autoridades, sino también por las masas entusiastas. Se escribió mucho sobre esa visita, incluso muchos años después. En Nueva York, durante una reunión económica, ella lanzó el lema “¡Hombres de negocios americanos, venid e invertid en mi país!”. Parece un llamamiento de 2019, no de 1926.

La Reina María dio a luz a seis hijos: el Príncipe Carlos, las Princesas Isabel y Mărioara, el Príncipe Nicolás, la Princesa Ileana y el Príncipe Mircea.

La Reina cogió afecto a dos lugares: el Castillo de Bran y el Dominio de Balcic, en la costa del Mar Negro. A los dos los decoró según su gusto y les dio algo de su personalidad. Esta huella sigue existiendo hoy en día. El Castillo de Bran, construido a finales del siglo XIV, fue regalado a la Reina por el Consejo de la ciudad de Brașov. La residencia de Balcic, que hoy se halla en territorio de Bulgaria, fue arreglada por la Reina María a partir del año 1925 y representa el cumplimiento del sueño de paz de la Reina.

La Reina María enfermó en 1936. No se conocen muy bien los detalles de su enfermedad. Se fue para curarse al extranjero, pero ya era tarde. Volvió al país el 14 de julio y murió en el Castillo de Pelișor, el 18 de julio de 1938, a la edad de sesenta y dos años.

La Reina María es hoy la personalidad rumana más conocida en el extranjero. Ella ha sido un modelo para las mujeres de todas las clases sociales. Desde muchos puntos de vista, fue un ejemplo que sirvió para abrir caminos.

Junto a Fernando, continuó el modelo ecuménico iniciado por el matrimonio de Carlos I e Isabel: la boda de María con Fernando se celebró tanto por el rito católico como por el anglicano, pero sus hijos fueron ortodoxos.

Debido a su inteligencia y erudición, a su fuerte presencia, a su devoción por el país, a su talento como “embajadora cautivadora”, ella fue protagonista de miles de páginas escritas en la literatura rumana y mundial. Mantuvo correspondencia con el poeta Khalil Gibran. Virginia Woolf, al comentar las memorias de la Reina en 1934 afirmó que la Reina María de Rumanía era la primera cabeza coronada que sabía escribir y que hizo algo que nadie antes había hecho: “abrió la jaula” dorada en la que estaban encerradas las cabezas coronadas y bajó a la calle.

A la Reina María la casa Houbigant le dedicó un perfume, la compañía Pond’s le dedicó una gama de productos cosméticos, y una fábrica de chocolate de Rumanía llevó su nombre.

Fue autora de varios libros, algunos de literatura para niños, otros de carácter autobiográfico y otros sobre Rumanía. Escribió poesías, cuentos y novelas. Llevó un diario, que suma aproximadamente 100 cuadernos, y dejó numerosos manuscritos.

Junto a dos de sus hijos, Nicolás e Ileana, visitó Turquía tres veces, durante varias semanas, a finales de los años 20 y principios de los años 30, un país musulmán, republicano y no muy abierto al papel de la mujer en la vida pública. Años después, la Reina María asombraba a la sociedad contemporánea visitando el Reino de Marruecos.

La Reina María fue la Patrocinadora de la Cruz Roja rumana y fue muy respetada por su actividad como enfermera durante la Primera Guerra Mundial. Estuvo en las trincheras y en el frente sin tener miedo a las balas o las bombas. En los hospitales visitó a los heridos y enfermos, sin tener miedo a la suciedad o la enfermedad.

Nicolae Iorga, un importante historiador rumano, escribió lo siguiente sobre la soberana:

Jamás una Reina ha tenido tanto impacto, más allá de su linaje supremo. La realeza de su valentía y su compasión hacia la gente la hacen llevar siempre una corona invisible, que vale más que todas las joyas del mundo.

 ¡Gracias por su atención!

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